Introducción
Durante las últimas décadas, la producción porcina ha experimentado una transformación extraordinaria. El progreso genético permitió incrementar de manera sostenida la prolificidad, la velocidad de crecimiento, la deposición de tejido magro y la eficiencia alimenticia.
Hace 20–25 años, una hembra promedio producía aproximadamente 11–12 lechones por camada. Actualmente, las hembras modernas pueden alcanzar 18–19 lechones. Este incremento representa un cambio profundo en la fisiología de la cerda y, por lo tanto, en sus necesidades nutricionales.
El peso total de la camada pasó de aproximadamente 16 kg a 20–21 kg, mientras que el peso individual del lechón disminuyó desde valores cercanos a 1.450–1.500 g hasta aproximadamente 1.250 g. Al mismo tiempo, aumentó la proporción de animales con bajo peso, menos de 1 kg, al nacimiento.
El progreso genético permitió producir más, pero también modificó el equilibrio entre cantidad de lechones, peso individual, producción de calostro, producción de leche y capacidad de la cerda para sostener su propia condición corporal.
La selección genética hacia una mayor prolificidad ha aumentado el tamaño de camada, pero también ha incrementado la variabilidad del peso al nacimiento, la proporción de lechones de bajo peso y la competencia por calostro y leche.
Progreso genético: producir más, pero también manejar nuevos desafíos
La cerda moderna es más prolífica, produce más lechones y necesita generar mayor cantidad de leche para sostenerlos. Esto implica una demanda mucho mayor de nutrientes durante la gestación, el periparto y especialmente la lactancia.
Se proyecta para los próximos años una producción de aproximadamente de 18,3 lechones destetados por camada y, hacia 2062, 21,5 lechones destetados por cerda.
También se plantea una evolución desde aproximadamente 4.000–4.500 kg producidos por hembra/año hacia 6.000 kg en los próximos años.
Estas cifras permiten visualizar el desafío: cada generación de reproductoras exige una nutrición cada vez más precisa.
La genética establece el potencial productivo, pero ese potencial solamente puede expresarse si el ambiente, la sanidad, el manejo y la nutrición son capaces de acompañarlo.
La cerda moderna no puede ser alimentada simplemente con una dieta diseñada para una “cerda promedio”. Sus requerimientos cambian según edad, peso, condición corporal, número de parto, tamaño de camada, etapa de la gestación y ambiente.

La futura reproductora: el primer eslabón de la eficiencia
El acompañamiento del progreso genético comienza mucho antes del primer servicio.
Uno de los puntos fundamentales es la selección y el desarrollo de las futuras reproductoras. Se recomienda comenzar el desarrollo de la cachorra alrededor de los 120–130 días de vida, con dietas diseñadas para favorecer una adecuada estructura ósea, desarrollo de pezuñas y aparato reproductor.
El objetivo es hacer foco en la longevidad de la hembra.
La primera gestación y la primera lactancia constituyen una etapa crítica. La hembra debe alcanzar un adecuado desarrollo corporal y disponer de reservas suficientes para afrontar el parto y la posterior producción de leche, evitando al mismo tiempo una movilización excesiva de tejidos durante la lactancia.
Nutrición durante la gestación
Uno de los principales cambios en la nutrición de la cerda moderna es comprender que sus requerimientos no son constantes durante toda la gestación.
La relación entre energía, aminoácidos, desarrollo fetal y desarrollo mamario cambia a medida que avanza la gestación.
Por este motivo, el concepto de nutrición según la etapa gestacional, adquiere especial importancia.
Entre las estrategias utilizadas para acompañar el progreso genético se encuentran:
- Trabajar en base a proteína ideal y aminoácidos sintéticos
- Modificar dinámicamente la relación lisina/energía.
- Incorporar fibra de acuerdo con el objetivo nutricional y/o sistema de gestación adoptado
- Utilizar enzimas para mejorar la digestibilidad
- Incorporar minerales orgánicos
- Utilizar antioxidantes
- Ajustar la relación de macrominerales
- Emplear estrategias nutricionales específicas frente al estrés metabólico.
La primera lactancia: preservar a la cerda para el futuro
Uno de los principales desafíos de la cerda moderna es lograr un alto consumo de alimento durante la lactancia sin generar una pérdida excesiva de reservas corporales.
Una pérdida inferior al 5% del peso corporal durante la primera lactancia sería el escenario deseable, mientras que pérdidas superiores pueden comprometer el desempeño reproductivo posterior.
El catabolismo puede incrementar el estrés oxidativo y afectar procesos reproductivos posteriores.
Por este motivo, uno de los objetivos de la nutrición moderna de la cerda debe ser aumentar la producción de leche sin pagar ese aumento con una pérdida excesiva de condición corporal.
Calostro: el primer gran desafío de la cerda hiperprolífica
La mayor cantidad de lechones nacidos modifica inevitablemente la importancia del calostro.
El calostro es energético, termogénico e inmunológico, y favorece el desarrollo del tracto gastrointestinal.
El consumo insuficiente de calostro compromete la supervivencia, la inmunidad y el desarrollo del lechón. Además, el consumo individual tiende a ser menor en camadas numerosas, en lechones de bajo peso y en aquellos que nacen más tarde durante partos prolongados.
más lechones → mayor competencia → menor disponibilidad individual de calostro → mayor riesgo para los lechones pequeños.
Por ello, el objetivo nutricional no debe ser únicamente aumentar la cantidad de lechones nacidos. Debemos producir lechones viables, uniformes y capaces de consumir rápidamente una cantidad adecuada de calostro.
La nutrición periparto adquiere entonces una importancia estratégica.

Del lechón al intestino: el nuevo desafío del Sitio 2
El destete representa una de las transiciones fisiológicas más importantes y estresantes de la vida del cerdo.
El animal pasa de una dieta altamente digestible y compleja, como la leche, a dietas simples en base a materias primas de origen vegetal como maíz y soja.
Simultáneamente se producen cambios en la morfología intestinal, actividad enzimática, microbiota, sistema inmune, integridad de membrana intestinal, consumo de alimento y capacidad de digestión y absorción de los nutrientes.
El objetivo en ésta etapa es desarrollar un intestino capaz de sostener el potencial genético del animal durante todo el período de engorde.
Dentro de las herramientas nutricionales se incluyen prebióticos, probióticos, ácidos orgánicos, aceites esenciales, minerales orgánicos, enzimas y polifenoles.
Es por ello que en ésta etapa hablamos de salud intestinal

Sitio 3: donde finalmente se expresa la genética
El progreso genético tiene su máxima expresión económica durante el engorde.
El animal puede tener un excelente potencial genético, pero si la materia prima es variable, el alimento está mal procesado, la granulometría no es adecuada, existe un elevado coeficiente de variación del mezclado o el agua es insuficiente, parte de ese potencial se pierde.
Factores determinantes de ganancia diaria de peso y conversión alimenticia:
- Calidad de materias primas
- Granulometría
- Calidad del mezclado
- Alimentación por fases
- Formular en base a proteína ideal
- Concentración energética
- Calidad y disponibilidad del agua.
La molienda y el procesamiento adquieren especial importancia porque afectan la digestibilidad y la eficiencia de utilización del alimento.
Por eso, formular bien no es suficiente: hay que fabricar bien, alimentar bien, en definitiva nutrir bien.
De la conversión alimenticia a la eficiencia integral
Durante muchos años, uno de los principales indicadores para evaluar el progreso del cerdo fue la conversión alimenticia.
Continúa siendo un indicador fundamental, pero el concepto de eficiencia debe ser cada vez más amplio.
La eficiencia alimenticia depende de múltiples factores: consumo, digestibilidad, utilización de nutrientes, desperdicio de alimento y condiciones ambientales.
Por lo tanto, una nutrición moderna debe buscar simultáneamente más kilos producidos, menor consumo innecesario, menor variabilidad, menos excreción de nutrientes al medio ambiente y menor costo por kilo producido.
Esta visión conecta directamente nutrición y sustentabilidad.
Hacia dónde vamos: nutrición de precisión
Si durante las últimas décadas la nutrición evolucionó acompañando a la genética, el próximo gran salto está relacionado con la nutrición de precisión.
La nutrición de precisión busca adaptar la cantidad y composición del alimento a las necesidades reales del animal en cada momento, en lugar de trabajar con los requerimientos promedio de un grupo.
La tecnología ya permite comenzar a avanzar en esta dirección. Los sistemas de alimentación de precisión pueden utilizar información en tiempo real para adaptar el suministro de nutrientes y mejorar la eficiencia.
El desafío futuro será transformar esos datos en decisiones nutricionales prácticas y económicamente viables para las granjas.
Los próximos 30 años
Si miramos hacia adelante, probablemente el objetivo de la genética ya no será simplemente producir más lechones o crecer más rápido.
El desafío será producir animales más eficientes, más resistentes, más uniformes, con mayor longevidad, menor mortalidad, menor necesidad de intervención y menor impacto ambiental.
La nutrición deberá acompañar este proceso.
La cerda del futuro probablemente tendrá un potencial productivo aún mayor. Eso obligará a trabajar con mayor precisión sobre su desarrollo, reservas corporales, calidad de calostro y producción láctea.
El lechón deberá llegar al engorde con un intestino preparado para expresar su potencial.
El cerdo de engorde deberá convertir cada unidad de alimento en la mayor cantidad posible de kg de carne.
Y la fábrica de alimento deberá garantizar que aquello que fue formulado sea exactamente aquello que finalmente recibe el animal, tanto en calidad como en cantidad.
Conclusión
En los últimos 30 años, la genética transformó profundamente la producción porcina.
Pero cada avance genético trae consigo un nuevo desafío nutricional.
Más lechones significan mayor demanda de calostro y leche. Más producción de leche significa mayor demanda de nutrientes. Mayor potencial de crecimiento significa mayor precisión en el aporte nutricional. Mayor eficiencia significa menor margen para los errores de formulación, fabricación y manejo.
Por eso, la nutrición debe ser dinámica, precisa, integrada y basada en datos.
La cerda debe llegar al parto con una condición corporal adecuada y atravesar la lactancia movilizando la menor cantidad posible de reservas.
El lechón debe recibir calostro suficiente y desarrollar un intestino capaz de sostener su potencial genético.
El cerdo de engorde debe recibir nutrientes en cantidad y proporción adecuadas, con materias primas de calidad y alimentos correctamente procesados.
Y todo el sistema debe orientarse hacia una mayor eficiencia productiva y ambiental.
En definitiva, la genética determina el potencial; la nutrición, el manejo, la sanidad y el ambiente determinan cuánto de ese potencial somos capaces de expresar.
Durante 30 años, Vetifarma ha acompañado la evolución de la producción porcina entendiendo que cada nuevo avance genético requiere nuevas respuestas nutricionales.
El desafío de los próximos años será continuar evolucionando: pasar de alimentar animales a nutrir individuos y sistemas productivos cada vez con mayor precisión. Ese es el camino que tenemos por delante.

