A treinta años de su fundación, Vetifarma repasa el camino recorrido por la ganadería argentina y sostiene una tesis central: en el escenario actual, el negocio ganadero se define cada vez menos por variables macroeconómicas y cada vez más por la capacidad de producir con eficiencia.
AYER
Cuando Vetifarma inició su actividad, la ganadería argentina era predominantemente extensiva, apoyada en pasturas naturales e implantadas y en ciclos biológicos largos.
El avance de la agricultura sobre las tierras de mayor aptitud desplazó la cría hacia regiones marginales y aceleró, desde mediados de los años noventa, la consolidación del engorde a corral como alternativa de escala. En 1997 surgió la Cámara Argentina de Feedlot, a partir de la unión de un grupo de productores ganaderos que buscaban actualizar sus métodos de producción. Vetifarma, de la mano de Fernando Eluchans, fue una de las empresas impulsoras de su creación.
En paralelo, la genética evolucionó hacia biotipos de mayor precocidad y eficiencia de conversión, y la nutrición dejó de ser un insumo accesorio para comenzar a pensarse como una variable de diseño del sistema productivo.
En ese proceso, Vetifarma acompañó a productores y profesionales con soluciones nutricionales para carne y leche, construyendo conocimiento de campo sobre una industria que comenzaba a profesionalizarse.
HOY
El stock bovino argentino cerró 2025 en 50.920.790 cabezas, un nivel estancado desde 2022 y con una pérdida acumulada de 3,28 millones de cabezas en tres años, según cifras del sector.
Sin embargo, 2026 muestra señales de cambio de ciclo: la retención de vientres y una mayor producción de terneros anticipan una recomposición del stock del orden del millón de cabezas.
El feedlot, mientras tanto, opera en niveles récord: los corrales de engorde superaron las 2,2 millones de cabezas bovinas encerradas, consolidándose como la etapa de terminación dominante.

En el frente comercial, entre enero y julio de 2026 las exportaciones de carne bovina alcanzaron USD 2.768 millones, un 41,8% más que en igual período de 2025, con precios promedio que en julio rozaron los USD 7.123 por tonelada, un registro récord. El sector apunta a superar los USD 3.000 millones en el año.
La lechería, por su parte, cerró 2025 con un ordeño de 11.617,5 millones de litros, el mayor volumen desde 2015, con una participación creciente de tambos de gran escala.
LA EFICIENCIA COMO CONDICIÓN DEL NEGOCIO
El dato más relevante ya no es solamente cuánto se produce, sino cuánto cuesta producir cada kilo o cada litro.
Una comparación internacional lo ilustra con claridad: mientras en Argentina los animales se faenan en promedio con 236 kilos, Australia —con un rodeo un 40% menor— alcanza los 308 kilos. Si Argentina igualara esos niveles de eficiencia, podría aumentar su producción de carne en torno al 60% sin ampliar el stock.
Esa carcasa pesada, además, es hoy una exigencia de los mercados de mayor valor y se construye en la etapa de terminación.
Ya no está en discusión si conviene procesar el grano de maíz o incorporar cracker e inoculantes en la confección de silajes: son herramientas tecnológicas más que probadas, respaldadas por volúmenes de datos robustos que demuestran su impacto sobre la conversión y el costo por kilo producido.
La misma lógica aplica a la recría, al desempeño del feedlot y a la conversión alimenticia y, en los tambos, a los litros por vaca y por hectárea.
La eficiencia dejó de ser un indicador más entre otros: es una condición necesaria para la rentabilidad, más allá de lo que ocurra con el tipo de cambio, las retenciones o las tasas de interés.
TECNOLOGÍA Y DATOS
La incorporación de sensores, caravanas electrónicas, básculas automáticas y visión computacional habilita una ganadería de precisión que gestiona al individuo y no solamente al promedio del rodeo.
Plataformas que integran datos de balanzas automáticas, comederos inteligentes, sensores, cámaras y drones permiten comparar cuánto alimento necesita cada animal para producir un kilo de carne, anticipar decisiones de manejo y detectar desvíos productivos de forma temprana.
La genómica, por su parte, permite identificar marcadores de eficiencia de conversión antes de que el animal termine su ciclo.
Nada de esto reemplaza a la nutrición. Por el contrario, la potencia al convertir cada dieta en una decisión basada en datos individuales y no solamente en promedios poblacionales.

LOS PRÓXIMOS 30 AÑOS
La ganadería que viene combinará mayor precisión, más datos, automatización, genética específica y una integración cada vez más estrecha entre nutrición y sanidad.
El consumo interno de carne vacuna, que hoy ronda los 45 kilos por habitante, podría descender hacia los 35-38 kilos en una década, lo que refuerza la necesidad de sostener el crecimiento sobre la base de la exportación y el agregado de valor, no solamente del volumen.
En ese escenario, la nutrición se consolida como una herramienta de negocio: no alcanza con formular una dieta técnicamente correcta si no se mide su impacto económico sobre el costo de producción.
Con esa convicción trabajó Vetifarma durante sus primeros 30 años, y es la que guía los próximos…
